A veces hay que descansar

He estado fuera unos meses, necesitaba un descanso, evitar la presión de la red durante un tiempo y replantear algunas cosas. Pero no he dejado de escribir, nunca dejo de escribir:

Uno respira, toma un descanso, buscando un cambio de rumbo que sin querer te acerca a otra pregunta, por una carretera que sigue hasta el ticket de un aparcamiento sin luces de un motel olvidado. A ese cielo y el surco de estrellas que busca como tú una respuesta, que insiste en sumergirte en un acercamiento hacia un cruce, quizá sobre un río agitado. Un cóctel, entre cabeza y plomo, de razón y robo. Un trago largo.

Sin duda estamos demasiado acostumbrados al sabor de la lluvia de un anterior verano. Somos alérgicos a la plata, pero no a un corazón roto. Como el nuestro, estrellando en ese cielo del aparcamiento un deseo empapado de frustración, una factura pagada pero sin cambio. Una farola solitaria, medio muerta en el extrarradio, parpadeando como nosotros mientras nos encontramos.

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Cumplimos años, gracias a todos y todas

Esta semana cumplimos un año en #instagram y cuatro años en #wordpress.

Queremos agradeceros desde el cariño a todos y todas vuestro apoyo.

Gracias por compartir con nosotros este viaje de autor donde siempre estamos aprendiendo a observar nuestro entorno, a reflexionar sobre lo que sentimos y a dar importancia a los pequeños infinitos del camino.

Muchas gracias por apreciar el esfuerzo que supone realizar todo el contenido, fotografías, textos y gestionar las redes.

Ojalá algún día podamos encontrarnos por casualidad observando, reflexionando o viviendo, en la misma encrucijada.

Un abrazo.

(Fotografía en Acedo, Navarra 2017)

Las redes de los humanos

El mundo de los humanos ya no da luz con el fuego recién descubierto, ni mitiga el hambre de sus congéneres. Ni siquiera, el ego apoderándose de sus redes, le ofrece más alimentos que la hipérbole de la jerarquía social a la que pertenece y anhela pertenecer. Porque ya no ansía liberarse, ni crecer, ni cambiar, ni curiosear, tan sólo ser algo de alguien, alguien de algo, algo que todos quieran.

La cosificación del pensamiento, de la razón, del sentimiento. Todos son grandes y elocuentes productores de contenidos originales manifiestamente iguales. Copiar y pegar, asimilar e interpretar. Humildad, divino tesoro.

Todos tienen algo que aportar, que decir, que cantar y que crear. Es verdad, pero solo a medias. La autocrítica suena hoy como autocracia comercial y la crítica como un arma reaccionaria, de juguete, que dispara escondida por amenazas de muerte. Tan absurdos como galletas de la fortuna deshaciéndose en el agua, mostrando por primera vez un mensaje borroso que todos entienden y que nadie para sí quiere.

Una masa de agua que baja por la montaña, erosiona a la vez que empapa la tierra donde crecerán las plantas. Tan necesaria es el agua como la erosión o las plantas. Pero a saber apreciarlas sólo se aprende contemplándolas con curiosidad y calma. Pues, aunque los tiempos cambian, los procesos naturales rara vez (nunca) tienen el mismo ritmo vital del humano que los narra. Y al tiempo que pasa, cuando se vuelve la vista, uno apenas recuerda cómo el fuego pasó de dar luz a quemar herejes, el progreso a generar hambre y, la voluntad sociable, a someterse al yugo imperdonable de las redes sociales.