No es magia

No era la magia lo que movía sus sueños, ni el miedo a quedarse sólo. Tampoco había mentira en sus ojos, ni viento en sus cabellos. Parecía quieto, siempre mirando al tiempo, conteniendo el ansia mientras buscaba la tan esperada redención.

De su barba negra brotaban pequeñas hojas de enredadera y romero, pero también la sombra y un sin fin de secretos. Callaba escuchando el ruido, calculando el intervalo en un juego de párpados abiertos y a veces cerrados.

Ni siendo el destino creería en sí mismo y, a pesar de todo, seguía en el espejo con la mirada perdida en la mía.

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Historias alrededor de una hoguera (14)

Se batían contra las llamas algunas polillas. Sobrevolando el campamento como ninfas del bosque, curiosas y entretenidas. Callaban las alimañas, seguro al acecho, mientras todos dormían.

Y Carmen soñaba abrazada a Iván e Iván sonreía en sueños abrazado a Carmen.

Al fondo, Juan roncaba levantando polillas con su aliento cuando exhalaba. Y Fran tenía un ojo abierto por la costumbre de ser guarda, pero dormía aún con las manos atadas a la espalda. Zoe no roncaba, ni tenía un ojo abierto, ni siquiera dormía. Forcejeaba con las cuerdas que le retenían contra el árbol. Cuando se hubo soltado, se arrastró en silencio junto al fuego, cogió el cucharón y se sació primero con lo que quedaba en el puchero.

Al momento de llenar la panza, se colocó frente al culo respingón de Iván, que dormía con una estúpida sonrisa haciendo la chucharita.

-¡Toma! – Gritó mientras le pegaba un puntapié en el trasero.

-¡Ay! ¡Ay! ¿Pero qué demonios ocurre? – Exclamó dolorido Iván, levantándose de un salto.

Zoe levantó su machete hasta el cuello de Carmen y dijo: -Ahora dormirás tú atada a ese maldito árbol.

-¡Serás malnacido! – Grita Juan desde el fondo, atado aún al árbol. – ¿Te liberas y nos dejas así?

-¿Qué esperabas de un borracho? – Le responde Fran.

-Venga Zoe, suelta el machete- Dice Iván con voz tranquila y extendiendo los brazos. – Todo esto es innecesario.

-Vaya grupo de idiotas tan simpático- Interumpe Carmen que con un movimiento seco se ha zafado de Zoe y le ha colocado una daga entre las piernas.

Todos se quedan en silencio menos Zoe. Que pega un respingo hacia atrás y cae de culo sobre la hoguera.

-¡Mierda! ¡Ayudadme cabrones! – Grita al verse los pantalones ardiendo. Pero el resto le mira con la incredulidad del que ve un espectáculo de circo.

Tres ventanas al alma

Soy la nada que abunda en las entrañas de una ensoñación acabada. El poeta que escribe sobre la cultura encadenada a un cuerpo que ama.

La descripción de lo que ocurre en tu vida marcada. La resiliencia del alma racional, la convivencia irascible y concupiscible de las demás formas de amarla.

Tres ventanas al alma por una sombra quemada, y un viajero perdido amasando imágenes y palabras.

Había una vez

Una vez me contaron un cuento. Estábamos muchos niños sentados en círculo y en el medio, de pie, hablaba un hombre viejo.

Si fuésemos las historias que inventamos, las que contamos con amor a otros, esas que adornamos con alegría y tristeza.

Una vez me conté un cuento, y fui las historias que inventé y las conté con amor a otros. También las adorné con alegría y tristeza. Sin embargo esta vez era yo el hombre viejo y a la vez el niño. Nadie escuchaba, solamente un destino ciego con ojos vacíos.

Un viejo loco imaginando sinsentidos en medio de un claro, en un bosque remoto, de un amor lejano por un silencio fugaz. Unos labios fuera del tiempo causantes de su delirio y a la vez el equilibrio sobre la fina línea de su martirio