Mills (cds.cap 3)

Y la tarde que se consumía tranquila y luminosa empezó a nublarse.  La cara de Mills, quieto contra corriente en plena avenida comercial, parecía un poema perdido de Lorca entre una masa informe de gente gris. Pasó un minuto con la mirada perdida, parpadeó y se restregó los ojos, me clavó un gesto de asco: – vámonos, no está aquí.

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