De lo que el mar se lleva

[…] lanzaba cabos por la borda como un loco con la esperanza de que alguno sirviera a los que abajo nadaban. Las olas vencían sobre cubierta y el agua me alcanzaba las rodillas. No levanté la vista ni un segundo, cogía cabos y los lanzaba y, mientras tanto, deseaba estar acertando […]

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