FELIZ DÍA DE LA MADRE

Se calzó las botas en un santiamén, sin calcetines,  el tiempo que asomaba por la ventana le daba esperanzas. Corrió escaleras abajo mientras se ponía el chaleco y el sombrero, a trompicones, igual que si aún anduviera borracho. Tropezó con una silla, su madre que andaba en el jardín tuvo que esquivarlo al pasar, esa habilidad propia de las madres para sostener siete cosas que se van a caer a la vez, y hasta se enganchó con la manilla para abrir la portezuela del buzón. Todo para estar en la parada del transporte que traía a su hermana de vuelta al pueblo, después de más de cuatro años estudiando en un internado en la capital. Filosofía, nada menos.

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