Infancia y asombro

Tenía coletas, dos y bien hermosas, a cada lado de la cabeza resaltando sus increíbles ojos marrones, redondos y abiertos como platos, observando aquella piruleta. Era Ana, y lo que más deseaba era esa piruleta blanca con espirales de colores. Quizá, esa mirada absorta y llena de hipnotismo, la llevaba irremediablemente a estrujar la cara contra el cristal del escaparate, preciosa; sin embargo, no era nada comparado con la risa que le provocaba descubrir que, al grito de: ¡tachán!, yo era capaz de sacarla una moneda de chocolate de la oreja

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s