Encuentros agradecidos

Fue reconfortante encontrar por casualidad aquellos ojos ardiendo en alegría, fijos en los míos, que se apagaban en pena y melancolía. Bastante rato después aún respiraba el perfume del abrazo amigo, giraba la cabeza sobre mi hombro, arrastrando la nariz sobre mi camisa y volvía a ver la profundidad verde que me había reconfortado hacía ya una eternidad.

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