Los malditos inocentes

La maldición endureciendo el camino, como si nunca se hubiera deshecho de aquellas cadenas; ahondando más cada huella, hundiendo en el barro hasta el tobillo. No hay paz donde mira ni sueña, la maldición endureciendo el vacío. Sus cordones empalmados con nudos delatan su dolencia crónica, los arañazos sobre la cara su convicción, y el crepitar desbocado de una luz negra en sus ojos anuncia la muerte. 

La maldición endureciendo el sentido, como si nunca hubiera perdido un amigo, una hija o un ser querido, una estrella o una palabra buscada. No hay futuro donde mira ni sueña, la maldición endureciendo el destino. Sus amores guardados callan agazapados, las manos hablan, rotas de apartar fronteras, mientras el mundo deja los cuerpos varados a los pies del faro, apagados y tristes.

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