Al comienzo

Nacemos solos, con los ojos grises, casi opacos, apreciamos sombras o luces sobre un horizonte disperso. Velos y sueños interrumpidos, acunados en el tacto y voces amables, suaves. Amar es, madres y padres, el camino indispensable entre tonalidades, del azul al gris y de la luz al añil, caminando a su paso entre soledades. Y mientras, aparecen sonrisas inolvidables, ojos grandes, atenuantes del mar para los navegantes.

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