De la pesadilla al juego

Una pesadilla me arrebató el sueño una vez, sólo recuerdo que tú me decías que te ibas a Arcansas, me entró calor y sudores frios. No sé dónde está y apenas cómo se escribe, pero sí que está lejos. Esa era la pesadilla, nuestra despedida.

Despierto repentinamente y te encuentro dormida a mi lado, totalmente desprevenida y ocupando media cama más de lo acordado, y te abrazo con fuerza. Tú, sin abrir los ojos te giras y me devuelves la caricia mientras tu subconsciente susurra “te quiero”. No puedo aguantar más y te abrazo más fuerte, apretando unas lagrimillas entre los párpados mientras pido un deseo; hasta despertarte y oírte decír “hola, sol” sonriendome; y así jugar juntos a coger una postura cómoda.

No hay viajes más intensos que los del corazón y la mente.

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