Amarse un instante y que se lo lleve el aire


Flirteo con la seda de tu vestido cuando el aire se la lleva y tú la sujetas. Con las formas que dejas, con tus hombreras de piel y arena, con el olor fresco de una crema. 

Pero me encanta una cara, desmaquillada, con coloretes de haber terminado una gran pateada, el barro en los pies y la sombra de un gran gorro en la mirada, me encanta, cuando la belleza natural de un gesto involuntario te asalta.

Imagino sensaciones, alejadas de líneas  y cercanas a todas las caras, cabellos cortos y largos que se desbandan, una sonrisa entrecortada, quizás una mirada furtiva capturada y la complicidad cruzada del “ahora no, pero seguro que me aventuraba a la oportunidad de mediar contigo unas palabras, por la certeza de que algo encontraría, aunque fuese un río de agua fría, o quizás una alegría” y así, el instante que sin conocernos teníamos, se acaba. 

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