Un dedo me basta

Un dedo para recorrerte, desnudo sorteando las pequeñas arrugas de una conversación indeterminada, liviano sobre tu frente. Vacilo, zigzagueo en la frontera entre tus pensamientos y tu pelo, desde donde empiezan tus cejas. Me agazapo entre tu nariz y el rabillo lloroso de tu ojo, tus pestañas aletean. Duermo en tu oreja, dejo que suene el roce, suave en tu oído, aparto un mechón revolucionario hacia la oscuridad tras el lóbulo. Y te miro. 

Irremediable tu contorno se me aparece como un esbozo, un presente que da paso a un futuro imaginado, borroso; cayendo por tu mandíbula hasta el cenit de tu barbilla; la exploro, la dibujo hasta encontrar tus labios donde descanso, dejándolos falsamente cerrados, esperando pausado el juego de tu respiración con mis manos.

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