El Ahogado

-¿Me quieres? – Le preguntó a la roca fría estando aún empapado. 

El silencio se rompió en silbidos de viento y hojas 

-¿Me odias?- Le preguntó a la verja de hierro forjado.

El ruido del tráfico se convirtió de pronto en el sonido del mar.

-¿Me sientes?- Le preguntó borracho al reposabrazos de un banco del parque. 

Los árboles temblaron como si las palabras del borracho impulsaran un huracán. Las farolas emitieron parpadeos, se dejaron zarandear, las polillas desaparecieron.

-¿Y tú, me echabas de menos?- dijo el borracho a su sombra al amanecer. 

-No, ella no, pero yo sí- dijo una voz desde el interior de su pecho. 

Y el dolor se transformó en consuelo, y el consuelo en sueño, y el sueño en deseos, y los deseos en hechos, y los hechos en logros y los logros en respeto…  Y el respeto en amor propio y el amor propio en ajeno, y el amor ajeno en silencio y el silencio en la roca, la verja, el banco y el parque. 

Todo cambió, menos la necesidad de hacer preguntas, de resolver las dudas. Entender que en la vida es importante cambiar las mudas, porque a veces los pellejos se nos anudan, es lo que mi parte suicida a veces olvida. 

Menos mal que mi voz interior supura, que se rebela contra la injusticia, que se alza frente a la destrucción pidiendo perdón y caricias. 

Menos mal que fui yo quien le preguntó a la roca fría, a la verja, al banco del parque y a la sombra larga de un nuevo día: 

-¿Qué hacemos hoy, mi vida?-

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4 comentarios en “El Ahogado

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