La bola de cristal 


Cristal que te clavas redondo en mis ojos, pardos de otoños, escondidos tras los rescoldos verdes de primaveras lejanas, esparcidos sobre blancos rojizos de inviernos en guerra. Cristal, me dan ganas de nadar en tus aguas; aún siguiendo círculos bajo el borde de tu esfera; tú espera, que de esta manera el poeta cuenta y ahoga las penas y lo que casi tampoco lo sea. Todo lo sumerge en la gota sola que se alimenta de otras, que engorda hasta que desborda.  Sea pues esta marea en forma de bola la que despierte de una vez el reflejo esperpéntico de un sueño; de un cambio de vuelo para evitar el suelo y conquistar el cielo. Sea pues la gota de cristal redondo la que se clave en mis ojos y los rompa en deseos. 

Sea después que vuele y vea cuanto otoños, veranos, inviernos y primaveras, le permitan entre la niebla.

Que así sea.

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