El Acantilado 

Encontré cobijo bajo los árboles y sus viejas raíces, aferradas a la caliza, a la vida, al riesgo y al risco; felices sobre el abismo.

Encontré en los arbustos el rocío y me lo llevé dentro; me bebí los cielos y a mí mismo. Me quise ciego, respirando la humedad de un barranco, solitario pero habitado, como mi destierro.

Encontré entonces las luces ocres, vísperas del invierno; cálidos colores de fuego en las lágrimas hojiformes que se llevaba el viento.

Me miré objeto, bajo los altos troncos de pino y abeto, verdes de ensueño; pero me identifiqué con sus compañeros, los caducos y estoicos, prendidos y ardiendo.

Y soñé despierto, sólo entre barrancos, justo antes de que apareciera el hielo; pensé un beso y note silencio. Me enamoré del bosque colgante y me hallé a sus pies, húmedos y viviendo.

(Fotografía: barranco del Horcajo) 

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