No te vayas

Quieta, no te muevas, sacia tu hambre y haz tu camisa de seda, o de fuerza. Porque la locura se guarda en las pequeñas empresas, aquellas del día a día que nos desperezan, las que llenan las aventuras de cambio con grandeza. 

No desfallezcas, no desistas, pequeña vela, hinchada de aires que te llevan sobre el mar verde por el que navegas. Pero tampoco te vayas, no me dejes solo haciendo el crucigrama que la vida me entrega. Me intrigan tus rayas, maestras de la feria de luces, y me llamas. No te vayas, este invierno acurrúcate en mi espalda si te hace falta y en primavera, cuando quieras, desplega tus alas y, agarrada a mi piel blanca, nos iremos volando a otra playa, otro prado, quizás a otro árbol, o a otra flor renacida, de esas que, cuando las miras, provocan que los ojos dormidos estallen regados de lágrimas ante la vida.

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