El Oso y el borracho 

Dulce del color del sol, un licor a destiempos; flor, yema, fruto del frío, te ofreces y me coges desprevenido, ebrio de insomnios, calentando a los pájaros el pico y las pupilas de algún desconocido.

Qué será de todo aquello que aquí me trajo, cuando te miro borracho, y pasan de largo las horas y cambian las luces, caminando solo, atravesando cruces. 

Sentado en tus raíces, de arbusto y tiempo, esquivando zarzas, aparto la mirada del mundo y devoro mis sinsentidos. Qué alivio disfrutar de un alto en el camino, comiendo frutos, como un oso perdido que encuentra a un amigo. 

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