Un momento para el baño 

La mujer miraba la luna, que entre nubes le devolvía un guiño, parpadeos de viento. Su pelo húmedo se secaba suelto, bailaor de descontentos, sobre su cuerpo desnudo; se dejaba regar por la inmensidad lunar de un paisaje lejano, frente a un lago.

Y ella sentada, amando todo cuanto ha superado, calentando sus manos de trabajo en el fuego de los pobres, lavando su piel mortal en brillos de lunas prisioneras del agua fría, esperando los cobres que tiñan el cielo, que la arranquen otro día y otra noche de sus sueños, como aves de rapiña.

Y se alejan las nubes, y se alejan las aguas y se queda la luna, como siempre hasta la mañana, bailando con ella, reflejadas ambas en las mareas.

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