Los besos 

Infinidad de besos se regalan cada día. No pasa el tiempo por los besos si se los damos a quienes amamos.  Presentes en ebullición, sin destino, sin propósitos más allá del contacto. Besos enfermos, febriles e innecesarios, tan hermosos, tan gratuitos, tan para todos. Besos de antaño, reinventados, con lengua y abrazos, besos de aquí y de allí, ininterrumpidos, sonoros, besos largos y cortos, besos que tronchan espaldas. 

Los besos que vuelan y no tocan tierra o los que deseas y nunca llegan. Y de todos ellos, los que más me gustan, son los besos en la ceja y el párpado somnoliento cuando te despierto, los que nunca nos dimos y los traicioneros en la nariz cuando me despiertas tú a mí. Te beso, te quiero, me duermo y te sueño. 

(Fotografía sacada de la red) 

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