Historias alrededor de una hoguera (6)

El camino se abría delante, como el día, que empezaba a despejarse después de semanas de tupidos velos nubosos. Corría el aire frío, cortante, pero soportable y aunque a los cuatro les dolían los pies, el conductor de caravanas se había unido temporalmente a la compañía, ninguno cesaba en su empeño por salir de una vez del bosque y las montañas.

-Acamparemos allí, en la falda de esa colina. – Dijo Fran con autoridad. – Iván, ve cogiendo leña, que luego te enredas buscando plantas medicinales y conviene preparar el campamento antes de que nos acechen las alimañas. 

-Pues estamos apañados, tenemos la suerte del condenado, en cuanto ponga el caldero al fuego se nos apuntan a comer hasta las ranas- dijo Iván mirando de reojo a Juan, el conductor de caravanas. 

-Bueno, mientras no beban vino y se traguen tus sopas de plantas todo irá bien; no como Juan, que tan pronto se termina la bota como la asquerosa sopa, con él si que hemos tenido mala suerte.- Bromeaba Zoe.

-Cuando hay necesidad todo agujero es trinchera, todos los palos espadas y todas las sopas bien halladas.-Dijo juan con su marcado acento francés, intentando defenderse. 

-Ya, carámbanos Juan, pero ni estamos en guerra, ni los palos valen para nada más que leña, ni eso que hace Iván es sopa, como mucho… brebaje. Además, ya llevas una semana con nosotros y me huelo que, o nos cae del cielo una caravana con mulas, o poco más vas a conducir tú que mi bota de vino al más absoluto de los vacíos.- Recriminaba Zoe a Juan. – Digo yo que algo más sabrás hacer.

Pensando un instante, Juan fue absorbido por el silencio. Algo maquinaba en su cabeza. Ya habían llegado a la falda de la montaña e Iván ya había encendido el fuego. Juan se acercó a la luz: 

-Está bien, hay algo que no os he dicho y que sí puedo aportar a la travesía, además de conductor de caravanas, soy cuenta cuentos, me dedico a ir por los pueblos y animo las fiestas en las plazas. – Todos callaban. De pronto, Zoe rompe el silencio y grita:

-¡Acepto el pago! Podrás venir con nosotros todo el tiempo que quieras mientras te queden historias en la sesera que contarnos durante la cena.- Juan asintió riendo y los otros se miraron asintiendo; mientras llenaban los platos esperando a que Juan deshiciera el misterio.

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