El niño y la puerta 

Se cuelan por las rendijas briznas de primavera, bajo la agradecida puerta que saluda siempre al paso. Bisagras revolucionarias, inconformistas, que nunca callan. Si sopla el aire, la puerta habla. 

Y allí se veía pequeño el niño, ante la puerta hablante, inmensa, como un gigante. Tras las siete tablas y los setenta clavos de hierro forjado, el balón de cuero; el de su amigo, con el que estaban a punto de terminar un torneo, a ver quién tiraba más lejos; la victoria también tiene un precio. Aunque la puerta susurraba maldiciones junto al viento, se movía con un cierto balanceo y de vez en cuando crujía como si estuviese ardiendo…  Nadie habría dentro, o despierto, o disimulaba muy bien haciéndose el muerto; porque el pobre niño se quedó esperando y esperando y nadie le abrió en un buen rato. 

Sin poder volver al juego y con los amigos malhumorados, el pobre niño trepó por una tubería hasta el tejado, pensaba que si se colaba al patio recuperaría, no sólo el balón, sino la victoria frente a sus adversarios. Justo entonces, el gran cerrojo de la vieja puerta, cedió quejicoso por el óxido liberándola. Recitaba en voz alta, golpeando además al tiempo contra la pared cercana. Fue entonces cuando el niño saludó a la anciana que asomaba, hermosa y liviana, esbelta y cuidada, con una cesta colgando del brazo y el balón de cuero pegado a su zapato derecho. 

-Toma pequeño: tu balón y un almuerzo para todos los del juego, pero baja de ahí y jugad un poco más lejos. 

El niño se escurrió hasta el suelo, totalmente en silencio y con cara de “no me lo creo”, cogió la cesta y corrió con los otros a ponerse morado comiendo galletas de la abuela, ya no importaba el torneo, todos llenaban el buche y eso lo convertía tan sólo en un juego.

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6 comentarios en “El niño y la puerta 

    1. A todos se nos ha colado un balón en patio ajeno alguna vez. Cuando tocaba ir a buscarlo todo eran incertidumbres y vergüenza, llamar y esperar al monstruo que abriría la puerta con mal genio… Me pareció aleccionador sacar a una persona empática, amable que diera una auténtica lección de vida: todos fuimos niños y los niños tienen que jugar, compartir y disfrutar de su infancia. Un abrazo saricarmen y muchas gracias por pasarte por aquí.

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