Los huecos que dejamos 

El aire atraviesa los huecos que dejamos, en nosotros mismos y en los demás. Arrancamos los materiales para construirnos, los transformamos en herramientas para sobrevivir, para enfrentarnos al mundo hostil y desconocido de los sentimientos; el mundo empírico interpretado por un músculo, tu cerebro.

El vacío llena los huecos que dejamos, en nosotros mismos y en los demás. Algunos se cubren con los desprendimientos que dejan otros agujeros de antaño; el cerebro es muy sabio y pronto ayuda a olvidar lo que hizo daño.

Los sentimientos perdidos ocupan los huecos que dejamos, por haber cogido aquello que tanto quisimos, aunque ahora no recordamos muy bien dónde lo hemos guardado.

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