Historias alrededor de una hoguera 9

La colina de roca rosada daba a un pequeño valle que mostraba la inmensa planicie. Desde lo alto se podía divisar un pueblo y el camino que hasta él bajaba. Todos estaban algo cansados, menos el rocín blanco y flaco, que siempre estaba exhausto; aunque era algo normal teniendo en cuenta que siempre iba cargado con los trastos.

El camino atravesaba un amplio bosque de pinos, altos y de troncos anchos; a sus pies se amontonaban las piñas y, como el día avanzaba rápido, a Iván se le ocurrió recoger algunas secas y hacer la hoguera e ir preparando la cena.

La noche llegó cálida, bebían los cuatro a la luz de unas brasas jóvenes y resplandecientes. De pronto, de las sombras apareció una figura. 

Decidida se dirige directamente hacia ellos: -Soy Carmen, buenas noches, huele tan bien ese puchero que no he podido resistirme. ¿Puedo tomar un plato?- Todos la miran ojipláticos, estupefactos. 

-¡Claro, Carmen! Cómo iba a negarme después de decir eso. Me llamo Iván y soy el cocinero.- Exageradamente exaltado y un poco colorado, Iván rompe el silencio.- En realidad es un caldo de conejo con zanahorias, nada del otro mundo. Uno hace lo que puede con lo que tiene. – Sonríe con orgullo aunque con cierta cara de atontado. 

Zoe se pone en pie, sin soltar su jarra,  y apuntando con el dedo hacia su propia barbilla exclama: -¡Yo soy Zoe y esa es nuestra comida!.- Relaja el tono ante la mirada reprobatoria de los demás. -Nunca había visto a nadie conseguir un plato caliente tan deprisa. No obstante, al menos no eres un bandido desalmado, porque vaya guardia tenemos… Eh, Fran?

Fran tiene agarrado a Zoe por la pierna y le mira desde abajo frunciendo el ceño. -Es tan cierto lo uno como lo otro. La guardia estaba baja, por fin huele bien el caldo de Iván y tú eres un bocazas.- Sentencia mientras se incorpora.

-¿Qué os hace pensar que no he venido a robaros?. – Pregunta Carmen entre sorbo y sorbo. – Es broma, gracias por el caldo.- Se levanta y tranquilamente vuelve por donde ha venido, diciendo antes de desaparecer: – En adelante os recomiendo no descuidar al caballo tan a la ligera. -Tardan unos segundos en comprender…

Todos se giran de golpe para comprobar si el rocín flaco seguía en su sitio. Un galope cercano, también oyen relinchar a su caballo. 

-Se lo han llevado. – Dice cabizbajo Juan. – Y la hoguera se está apagando. – De pronto todo se queda a oscuras entre la noche y las copas de los árboles.

-Bueno, el caldo sigue caliente. -Dice la voz de Iván. – ¿Alguien quiere?. – El sonido de los platos chocando unos contra otros le reconforta, le levanta el ánimo, todos saben que apreciaba a aquel caballo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s