Secuencia: sentir y hacer

ANOCHECER/AZOTEA

Edificio alto. El personaje le habla al paisaje urbano. Emoción en la expresión, también en la voz. Pasea sin rumbo hasta llegar a la barandilla. 

[…]como te iba diciendo, ver regresar tu sonrisa, verte, para mí no es suficiente. Necesito saber, sentir, que esa sonrisa que me rompe los esquemas no será la que estrangule mi libertad. Tengo miedo, la inseguridad me mata. El teléfono es el precipicio y tú mi salto al vacío. Es algo así como reconocer entre sueños que, si uno elige su destino… creo que yo ya he escogido el mío.

NOCHE/INTERIOR

Mesita de salón con revistas y un teléfono móvil. Suena el teléfono. Una mano lo coge, responde una mujer. Sólo se ven los labios. Sin maquillar. Está fumando.

¿Hola? Eres tú, hace mucho tiempo que no hablamos. ¿Qué tal te va?

[Media hora después]

En serio tío, ¿tú libertad? A ver…  no digo que estas cosas no asusten. Todos nos cagamos de miedo cuando nos gusta alguien. Pero es que lo vuestro ya debería estar tipificado en el código penal como un delito de enaltecimiento de la estupidez. Te crees que va a funcionar pero es un error y lo sabes. Venga, no te obsesiones y tómate algo por ahí. Y escucha: el único precipicio al que tienes que llamar es a mí que para eso estamos los colegas. Así que, ya está bien. 

NOCHE/AZOTEA 

Labios de un hombre fumando y hablando por teléfono. 

Por eso te he llamado, precisamente a tí. Aunque, como ves, me lo he pensado… 

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