La laguna 

Cuando sientas que se alejan los andares de quien te llama sin mediar palabra. Cuando te duela la vértebra que sujeta tus experiencias. Si ves que te secas y que las nubes no llegan, que la tierra se quiebra y tu piel interior se agrieta. Piensa tan sólo que todo se enmienda, suelta las riendas, pues en la laguna se embalsan las mismas lágrimas de esperanza que de tristeza; también manantiales del subsuelo, esas que no lloramos, cascadas que se filtran entre moléculas hasta tu carácter, tu manera. 

Te darás cuenta de que dentro llevas vendavales y arboledas, remolinos y remansos, ideas, sensaciones, conversaciones duraderas que se vierten por tus caderas y ruedan, vértigos entre tus piernas.

Culpables todos de esperar demasiado en distintas orillas, a destiempo, fuera de lugar y sin sombrilla. Te darás cuenta de que la culpa pesa, sobra.Tus derrotas no serán pocas si nunca rehúsas luchar; aprenderás a elegir tus batallas, a ganarlas y a compartir esa alegría con tus demonios, que no se vencen, no se fugan ni se esconden; son las ondas en el agua que provocan y provocamos las personas.

Sólo mirando el agua que acumulas y los habitantes de tu laguna, conocerás la diferencia entre mirar el cielo y ver su reflejo.

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