El naufragio de la filosofía

Callan las aguas el borboteo en los ojos desconsolados de los valientes cobardes, los indecentes guardianes de mis desmanes. Las sombras grises que mueven mis lápices, pelusas arrinconadas en los silencios de una escapada improvisada, huyendo sin remedio del verso ausente que tanto deseo.

Arráncale a un moribundo el placebo de las manos y se alzará desnudo, dale más y seguirá moribundo hasta, por fin, morir.

Cuántas monedas se dejó el barquero bajo el lecho seco de la laguna. Cuántos remeros le sustituyeron cuando los pueblos dejaron de creer y empezaron a darse cuenta de que era más importante nadar que remar. Arder que quemar.

Callan, callan mis aguas homeopáticas portadoras de experiencias que se llevarán la enfermedad de pensar. Con sigilo, sin molestar. Hasta que un día por mirar atrás descubran el naufragio de la filosofía del bienestar. 

Ahí os quedáis, los locos salimos a fumar porque nos han prohibido respirar.

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