Madres

Quién mejor que tú para entender que la pena no vale la pena si no es de muerte. El sentido común arrodillado frente al descalabro obstinado de un destino que no existe más que en la costumbre. Mis ojos ciegos fijos en la lumbre, solitarios, perdidos demasiado tarde y, tan lejos del siguiente paso, arden inventando nuevos estados de ánimo que no tardarán en ser derrocados, por ser regímenes bastardos, no por estar equivocados.

Quién mejor que tú para estos ojos cansados, me pregunto. Y la respuesta es que tus puentes salvan todos mis barrancos. Ni los versos humedecen los labios de quienes prefieren evaporarse a morir fluyendo contra un mar incierto. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s