Ascensión al conocimiento 

Allá donde las nubes se rompen contra la montaña, en el pequeño espacio entre la sed de alturas y la vitalidad que ofrecen los miedos vencidos. Los riscos convertidos en cascadas malhumoradas obligan al alma a dejar la barca varada. 

Allá donde se encuentran las personas perdidas en la memoria, en esa estrecha zona de arena entre el mar, la roca…  y todas tus huellas revueltas.  Alcanzar con los ojos las madrugadas de bosque y playa que, sabías de antemano, se escapaban. 

Allá arriba creí estaría la vida, desnuda, expuesta bajo el cielo, sobre la tierra, con todas las respuestas; la cima desde la falda parecía mía. Constaté a cada peldaño, cubiertos de inviernos, de pasiones por seguir muriendo, que arriba estarían tan solo el viento y mis pensamientos. Mientras asciendo imagino seguir los pasos de viajeros enfermos, por la escalera vieja desde la que los cuerdos se despeñan y los locos se empeñan. 

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Cada cual verá 

Fotografía de Andrés Sánchez

– Cada cual verá. Si al mirar, profundizar de verdad, uno encuentra y es además capaz de reconocer que los demás pudieran no estar indagando en lo mismo. Ni mucho menos acordar con sus sentidos las mismas sensaciones. Uno puede ser complicado y el otro sencillo, ambos posiblemente sentirán lo mismo aunque lo expresen distinto. 

– Cada cual verá y ninguno verá lo mismo. 

Divaga el mago

Fotografía de Andrés Sánchez

Divagaba el mago pensando angustiado en voz alta, canturreando acertijos, poemas y dijo:

En la rama de una galaxia moribunda por encima del tiempo había un cuervo. 

En el silencio de un bosque de estrellas vestido de luto había un ciervo. 

Entre los mismos polvos que foguean contra el firmamento habitamos. Siendo. 

Manchados, diferentes, maravillosos desastres. Cabezas pensantes. Ramas de árboles, madera de posibilidades. 

La dimensión del concepto en el que concentras tu pensamiento. La profundidad infinita de lo aparente. 
La imaginación, el flujo por el que fluye tu consciente. La ebullición descarada de elementos. El secreto. 

Evaporación de sueños, condensación de hechos y sólido olvido del sino. El aprendizaje propio de lo que somos. La herramienta para alcanzarnos siendo lo que queramos ser. Eso es. Eso significa crecer. 

Lo único mío 

Trepa la vida por mis heridas salvando todas las esquinas de mis malas posturas. Trepa y se ansía, se aferra tibia a los fondos de limo donde beben mis arrugas. Trepa y me asfixia, me silban las hojas movidas y las palabras no dichas, apenas pensadas, las ideas construidas. 

Trepan por mis brazos los alambres para la pesca, las hoces para la siega, los cuchillos para la guerra y los pensamientos desordenados hasta mi cabeza. 

Trepa, trepa la vida cruda frente a un espejo, sin ternura ni buenos días. Sin miradas complacientes, ni placebos, ni aventuras contadas entre parpadeos somnolientos. 

Trepas, mi vida, y, por cada punto de encuentro entre tu mundo y mis versos, voy viviendo un poco menos. Pero trepa, trepa tranquila, pues el mundo son los restos tras la algarabía que al brote alivia y al árbol derriba. 

Y lo único que es mío, es mi vida. 

El baile de Laura 

El baile de Laura (Fotografía de Laura)

¿Recordarás cuando bailemos juntos? Tú serás viento y yo el agua despedida de tu cuerpo. Quedarán tus huellas, tus pasos vivos y las sombras húmedas, como recuerdos; mis inventos, tus sueños, un espacio imaginario donde sigo tu movimiento.

La alegría de vibrar, de no callarse nada en cada giro, lanzando gotas libres, indirigibles, tan llenas de alma como suspiros. Y coso tus descosidos y tú los míos. Sonrisas al aire, hermosos sinsentidos

Suenan la risa y las ganas, chapoteos con voz de pisadas mojadas. Las ganas y un brillo en los ojos, un delirio profundo, desinhibido sobre la madera seca que lo absorbe todo, hasta la diferencia entre la alegría y un postre sin cáscaras tras la cena. Conociendo los pequeños secretos de un baile, imaginando juntos a qué sabe el aire. 

Tu estratosfera 

Bajo el cielo cuarteado, tú giras como la tierra. Soy el primer satélite dentro de tu estratosfera. A veces estamos tan cerca de tocarnos que tú pareces cielo y yo suelo. Sin embargo nuestras vidas giran al contrario y como está de moda no mirarnos, nos ignoramos. Lanzo miradas distraídas a tus pasos pero, reconozcámoslo, la gente terrestre sólo mira a la luna cuando alza los ojos pidiendo algo a cambio. 

Y se inclinen las nubes, o los astros, tus caminos se abren como las rocas para que fluya el agua, sin mojarnos. Saltando entre los hitos de dos vidas en continuo cambio. 

Disimulas por mi atrevimiento, quizá porque piensas que solamente soy otro cometa que en tu estela se consume, se quema. Me gusta pensar que nuestra relación es elíptica como la órbita de los planetas, y que nuestra inclinación nos condena a las estaciones, a veces eres invierno y otras… Estamos tan cerca. 

Cuando no se nuble el cielo 

Si no ves mi oscuridad, la luz que genera mis sombras no te sorprenderá. Y sin sorpresa, por qué iba a existir la curiosidad. 

Dicen que la noche es siempre más oscura justo antes del amanecer. Dicen que el suspiro es ese camino que desaparece al pensarlo. Dicen tantas cosas que jamás podré decirte… Las apunto en el cielo, uniendo estrellas, formando letras, constelaciones de palabras. Es el método comprobado con el que los sueños pueden durar miles de milenios. 

Quizá algún día, justo antes de un amanecer, cuando no se nuble el cielo, puedas verlos entre versos.